Eficiencia hidrica regenerativa en la Cuenca del río Aconcagua (1/2)

Para imaginar un caso práctico de Eficiencia Hídrica Regenerativa a nivel de cuenca, es necesario sumergirse en varias ciencias y mezclar conocimientos para aplicarlos en un resultado sinérgico, que logre generar mayor productividad agrícola y mayor valor al medio ambiente.

Hipótesis de caso

Integrando tecnología, conocimientos y prácticas adecuadas a cada contexto agrícola, es posible producir mejores resultados con menos agua (reducir la huella de agua) y utilizar los ahorros de agua potenciales en acciones que permitan la regeneración de la cuenca del Aconcagua.

Si vamos a hablar de eficiencia, es clave entender en qué piso nos encontramos en eficiencia hídrica en agricultura, para comprender la magnitud de lo que se podría lograr.

Una de las formas más concretas de medir eficiencia hídrica en el sector agrícola, es a través de la huella de agua (ISO 14.046).

Pero luego, nos falta una “escala referencial” para poder situarnos en un punto desde el cual comparar, por lo que para este ejercicio se considerará la escala de eficiencia energética, pero aplicada al agua, donde la huella de agua nos entregará la información de base.

Para este ejemplo, se trabajará con tomate y palta.

Información de tomate

La huella de agua promedio mundial es de 214 litros por kilo de tomate cosechado, lo que nos entrega un peldaño base del 100% de agua consumida, para conseguir un kilo promedio de tomate.

Luego, según Water Footprint, para producir 1 Kg de tomate en Papúa Nueva Guinea se requieren 993 litros, mientras que en Grecia, el mismo Kg se produce con 36 litros de agua.

En paralelo, en Chile, según INIA, la huella de agua en Aconcagua es de 141 litros por Kg de tomate.

Si aplicamos el mismo criterio de etiquetas de eficiencia energética, pero en relación al agua usada, tenemos que:

  • Un Kg de tomate de Grecia tendría etiqueta A +++ (Se produce con menos del 22% de agua promedio)
  • Un Kg de tomate de Papúa Nueva Guinea tendría etiqueta G (Se produce con más del 25% de agua promedio)
  • Un Kg de tomate de la Cuenca del Aconcagua tendría etiqueta B (Se produce con 55% a 75% de agua promedio).

Información de paltas

La huella de agua promedio mundial es de 600 litros por kilo de palta cosechada, lo que nos entrega un peldaño base del 100% de agua consumida, para conseguir un kilo promedio de palta.

Luego, según Water Footprint, para producir 1 Kg de palta en el Líbano se requieren 175 L de agua, mientras que en Honduras, el mismo kilo se produce con 3370 litros de agua.

En paralelo, en Chile, según INIA, la huella de agua en Aconcagua es de 403,8 litros de agua por Kg de palta.

Si aplicamos el mismo criterio de etiquetas de eficiencia energética, pero en relación al agua usada, tenemos que:

Un Kg de palta de Líbano tendría etiqueta A++ (Se produce con menos del 33% de agua promedio)

Un Kg de palta de Honduras tendría etiqueta G (Se produce con más del 25% de agua promedio)

Un Kg de palta de la Cuenca del Aconcagua tendría etiqueta B (Se produce con 55% a 75% de agua promedio)

Y aunque estamos mejor en el Aconcagua que el promedio mundial, respecto de tomates y paltas, aún podemos seguir mejorando; dada la evidencia disponible de Grecia y Líbano, además de todos los resultados disponibles en publicaciones científicas para estos cultivos.

Subiendo 3 peldaños en eficiencia hídrica

Para el caso de tomate, subir desde B a A++, implica llevar la producción de tomate desde 141 litros (actual) a valores menores de 68 litros por Kg.

Mientras que para el caso de palta, subir desde B a A++, implicar llevar la producción de palta desde 403 litros (actual) a valores menores de 192 litros por Kg.

Si aplicamos estas 2 mejoras en la cuenca del Aconcagua, al 100% de la producción existente, la superficie afectada sería de:

  • 574 hectáreas (0.86% de superficie cultivada en cuenca) para tomates 
  • 13.902 hectáreas (20.8% de superficie cultivada en cuenca) para paltas

En adición, la cosecha promedio, según ODEPA e INIA, corresponde a:

  • 104 toneladas de tomate por hectárea (promedio entre botado e invernadero)
  • 20 toneladas de palta por hectárea (promedio entre Hass y Bacon)

Considerando lo anterior, el riego requerido para ambos casos asciende a:

  • 15.200 metros cúbicos por hectárea de tomate (que explica un 70% de la huella de agua)
  • 5.900 metros cúbicos por hectárea de palta (que explica un 73.5% de la huella de agua)

Considerando que se puede aumentar la eficiencia (según los 5 pilares de Eficiencia Hídrica) para subir 3 peldaños de eficiencia desde B hasta A++, esto permitiría reducir la huella de agua de ambos cultivos, logrando ahorros de agua para riego, al mismo tiempo que se mantienen cantidad y calidad de cosecha.

Los ahorros de agua para riego que se podrían conseguir por hectárea corresponden a:

  • 5.689 M3 por hectárea de tomates
  • 2.822 M3 por hectárea de paltas

Lo anterior, escalado a la superficie cultivada de cuenca, significa un ahorro anual a nivel de cuenca de:

  • 3.265.486 M3 ahorrados desde cultivos de tomate
  • 39.231.144 M3 ahorrados desde cultivos de palta

En total, sumando 42.496.930 M3.

Luego, ¿qué podemos hacer con esta agua?

Utilizando los ahorros de eficiencia para la regeneración de cuencas

El concepto de “Regeneración” aplicado a nivel de cuenca significa devolver la salud a la cuenca, lo que implica 2 cosas: más recursos disponibles y mayor biodiversidad.

A continuación, se detallan algunas acciones posibles y sus resultados:

  1. Infiltración artificial de acuíferos: Aporta al nivel de agua acumulado en el acuífero y a subir el nivel freático, con lo que la vegetación existente puede tener mejor acceso al agua en algunos casos.
  2. Aumento de vegetación nativa: Aporta a la tasa de infiltración del agua de lluvia en la cuenca, incrementa la biodiversidad y favorece los servicios ecosistémicos.
  3. Generación de compost: Aporta al ciclaje de nutrientes, fijación de carbono en suelo, retención de agua en suelo y desarrollo vegetal.
  4. Abastecimiento de agua: Aporta al desarrollo y calidad de vida de las comunidades locales.

Ahorros de agua convertidos en acciones regenerativas

Infiltración artificial de acuíferos

Utilizar 42 millones de M3 para infiltrar acuíferos resulta en una elevación del nivel freático, que también podría significar que los pozos “colgados” vuelvan a tener agua, reduciendo los costos energéticos de obtención de agua subterránea en varias zonas de la cuenca.

Aumento de vegetación nativa

Utilizar 42 millones de M3 para desarrollar vegetación nativa serviría para preparar 84 millones de árboles nativos en vivero y dejarlos listos para una forestación.

Generación de compost

Utilizar 42 millones de M3 para generar compost serviría para crear un total de 8.4 millones de toneladas de compost.

El efecto de aumentar la materia orgánica en el largo plazo es una mejor calidad de suelo, con mayor actividad biológica, mejor capacidad de retención de agua, mayor capacidad de intercambio catiónico, mejor aireación y menor pérdida de agua por evaporación directa.

Abastecimiento de agua

Utilizar 42 millones de M3 para agua potable rural, significa que con un consumo mínimo de 50 litros por persona al día, se le podría entregar agua a un total potencial de 2.300.000 personas, todos los días del año.

¿Qué beneficios podría traer una acción colaborativa de esta escala, a nivel de cuenca?

En la parte 2 se aborda la factibilidad y el impacto llevado a cifras, aterrizada a la realidad de la Cuenca del río Aconcagua.